ENCUESTA SOBRE TENDENCIAS
JUVENTUD MELILLENSE
(15 A 30 AÑOS)
Melilla y
los jóvenes. Razones del desarrollo del presente estudio.
Cuando las cifras oficiales empiezan a hablar de envejecimiento de la
población española, de inversión en la pirámide de población, y de una serie de
problemas con carácter alarmante, la juventud parece un recurso a tener en
cuenta a la hora de diseñar políticas globales y de futuro. A su vez, al hablar
de juventud, o de jóvenes, parece innegable que ello vaya unido a una serie de
factores iconoclastas y desestabilizadores del status quo conseguido por quienes ya han –o hemos– superado la edad
en que se deja de hablar de juventud. No obstante, el hecho de estar fuera de
esa línea en la que uno deja de ser joven no produce sino inquietud, pues,
mentalmente, creemos seguir siéndolo.
No
hace demasiadas décadas, a quien hoy consideramos joven (adviértase que hasta
los 30 años) ya se le consideraba un adulto, una persona de mediana edad o una
persona mayor. Si nos remontamos unos siglos, una persona de 30 años hubiera
sido considerada una persona anciana. Sin embargo coexistimos en el planeta con
determinadas culturas en las que la treintena es una edad en la que todavía una
persona es considerada anciana.
Ante lo expuesto podemos observar que la homogeneidad, tanto entre
culturas actuales como a través del tiempo, de la consideración de joven no es
tal, que esas consideraciones son debidas a determinadas circunstancias
evolutivas. Hoy, en las sociedades industrializadas, hemos sido capaces de
vencer a enfermedades que siglos (o tan sólo años atrás) hubiesen diezmado a la
población, hemos llegado a vivir una cantidad de años jamás imaginada (y parece
ser que el asunto se plantea en términos de alargar la vida aún más). Sin
embargo no acaba ahí la heterogeneidad de la consideración de joven, pues dentro de lo que en este
estudio vamos a considerar como período de juventud (entre 15 y 30 años)
existen una serie de matices que hace diferentes a este mismo grupo de jóvenes.
Obviamente no puede pensar o actuar igual un joven de 15 años que uno de 18, ni
éste como uno de 25 años, ni como uno de 30; y ni mucho menos puede haber
similitud entre ambos extremos.
Sin
embargo, asaltará al lector esta duda, ¿por qué alargar tanto el período de juventud?. En la actualidad,
una serie de factores como el retraso en la incorporación al mundo laboral,
generalización de la educación y acceso a estudios superiores (otros pensarán
que se debe a la comodidad del joven y no a estos factores) hacen que un joven
permanezca más tiempo junto al seno familiar o nido. No creemos que se deba única y exclusivamente a la comodidad
de estar en casa de los padres el hecho de que el joven, hoy, no se emancipe.
La carestía y escasez de viviendas, las dificultades de acceso al mundo laboral
y, una vez en éste, el escaso poder adquisitivo que pueda permitir determinadas
inversiones en el nido propio
retrasan la salida del seno familiar. Resulta, por tanto, paradójico que en los
albores de la democracia en España se pidiese como logro la mayoría de edad a
los 18 años (anteriormente estaba en los 21 años), y que una vez conseguido tal
logro la dependencia de los padres se prolongue cada vez más en el tiempo.
Pero
estamos hablando del caso general, y no del particular de Melilla. En Melilla
se dan unos matices propios que la distinguen del resto de la población
española, como es el caso de la convivencia interracial (algo equiparable a la
Córdoba o el Toledo anterior a las expulsiones moriscas y sefardíes), el ser
una frontera como lo fueron los estados
tapones resultantes de las guerras napoleónicas, el ser una plaza militar
arraigada y en la que se produce algo novedoso en el sistema de reemplazo
militar como es que en la actualidad toda su guarnición sea únicamente
profesional, el carácter abierto de puerto de mar y sus imbricaciones con el
comercio en el Mediterráneo y con lugares que aparecen en el mapamundi como
increíblemente lejanos, y un sinfín de etcéteras. No estamos hablando ya de los
matices diferenciadores de la juventud anteriormente apuntados, sino de unos
matices enraizados en la diversidad de costumbres, de culturas, de creencias
religiosas, de expectativas y de modos de interactuar.
Una vez visto esto, vamos a
pasar a continuación a realizar un análisis de la situación demográfica más
cercana de Melilla, de su evolución y las implicaciones que éstas han tenido, del caso de los
jóvenes dentro del total de la población, así como las interpretaciones
pertinentes para, posteriormente, adentrarnos en la opinión de los jóvenes de
esta ciudad.
Datos poblacionales de
Melilla.
Vamos a ver evolución de la población que se ha producido en Melilla desde principios de siglo hasta la actualidad.


Una
vez que hemos visto en la tabla el número de habitantes que ha tenido la ciudad
durante el siglo en el siguiente gráfico vamos a poder observar cómo ha evolucionado
la población en Melilla de una forma radical, en la primera década del siglo,
con valores que alcanzan su máximo en las décadas de 1950 y 1960, y que,
posteriormente se van a mantener prácticamente constantes hasta nuestros días.
Nótese que en la actualidad no se llega a los valores de la década de 1930.
Asimismo resulta ilustrativo ver en dicha gráfica que la población masculina y
la femenina están muy equilibradas.
Ha
de añadirse, además, que los 8956 habitantes de la década de 1900 lo son de
hecho. No obstante, los habitantes de derecho se situaban en 1182, es decir,
aquellos que estaban censados y domiciliados en la ciudad. Se ha elegido el
número de habitantes de hecho para la gráfica debido a que dicho dato se acerca
más a la realidad de la ciudad en aquellas fechas que el número de habitantes
de derecho.

Veamos,
ahora la evolución de la población joven durante la presente década, es decir,
tomando los intervalos del censo de 1991 y 1996, y del censo a la fecha
19-10-99. Ha de destacarse que el tramo de edades jóvenes se encuentra entre
los 15 y 29 años, y tomaremos los siguientes intervalos de edades. 15-19 años,
20-24 años y 25-29 años para cada una de las fechas señaladas. No obstante, el
presente estudio abarca las edades comprendidas entre los 15 y los 30 años
(ambos inclusive), lo cual no es óbice para ilustrar gráficamente la evolución
habida en tres momentos clave de la última década.

Fuentee:
INE, Censos de Población de 1991 y 1996, en “Melilla en Cifras”; e INE Censo de
Población a fecha 19-10-1999

Vemos,
pues, en esta tabla y en la gráfica resultante de la misma cómo se ha ido
incrementado a través del tiempo, aunque algo tímidamente, el número de jóvenes
en la población, representando el número total de jóvenes para el año 1991 el
26’97% de toda la población melillense; para 1996 el 26’64%; y para 1999 el
26’18% del total de la población. Pese a que cada vez hay un mayor número de
jóvenes, éstos se mantienen un cifras relativas en torno a la cuarta parte de
la población y, a pesar de que en términos porcentuales aparece en ligera
disminución, no puede hablarse de retroceso ni de envejecimiento de la
población, dado que estos factores no son inherentes a la ligera pérdida de
peso en cuanto al total. Asimismo el crecimiento vegetativo en Melilla está
claramente por encima del total español, lo cual indica que nos encontramos
ante una población dinámica, con un índice de nupcialidad[1],
también, superior a la media nacional y en donde es de suma importancia la
población juvenil.
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Actualizado: 23/01/01 |