ENCUESTA SOBRE TENDENCIAS
JUVENTUD MELILLENSE
(15 A 30 AÑOS)
La Ciudad
Valoración de las infraestructuras de la ciudad
¿Cómo valora la
situación de su ciudad en los siguientes temas?
Tráfico
El joven melillense califica negativamente al asunto del tráfico
automovilístico en Melilla, y de ese modo nos encontramos con un 58’5% que
califica su situación como mala, un 34’3% que la califica de regular,
y sólo un muy escaso 7’3% lo hace de buena.
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En una ciudad de dimensiones limitadas y cerrada al
exterior –salvo por su paso fronterizo a Marruecos– no debería significar a
priori que hubiese problemas de tráfico circulatorio, ya que la ciudad puede
ser recorrida a pie sin mayores dificultades o con una red suficiente de
transporte urbano. Pero he aquí que esto no sucede puesto que, al igual que en
otras muchas ciudades, se utiliza el automóvil para recorridos cortos, lo que
conlleva cierto colapso circulatorio, sobre todo en determinadas horas y lugares.
No creemos que sea éste el lugar y momento oportuno para disertar sobre el
tráfico en sí y sobre el trazado de las ciudades, sino en el significado que
posee el uso de los vehículos. Como se ha venido observando, el joven
melillense no es particularmente asociativo, sino más bien independiente, lo
que en materia de circulación automovilística puede interpretarse en que suele
utilizar el vehículo propio (automóvil o motocicleta) para desplazamientos por
la ciudad y, dado que una gran mayoría se sitúa dentro de la clase media,
un elemento externo que identifica al individuo con determinada clase social es
el modelo y marca de automóvil que utiliza, así como elemento que ejemplifica
la independencia de este individuo. Ello lleva a que se perciba el asunto del
tráfico como marcadamente negativo, pero ante ello existe la clara dificultad
de expansión geográfica de la ciudad, por lo que se sugiere para evitar los
problemas derivados del tráfico en la ciudad una campaña informativa dirigida a
que los ciudadanos utilicen medios alternativos al vehículo propio e individual
para su traslado por la ciudad, acompañada a la vez de una red moderna y de
gran cobertura de transporte público, con una flota suficiente para que el
usuario observe las enormes ventajas de utilizar este servicio, a la vez que
sólo utilizaría el vehículo propio en casos muy concretos.
El 25’5% dice que el transporte público es bueno;
el 39% que es regular; el 31’3% que es malo; y un 4% no sabe
cómo es.
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El grupo más numeroso es el que se decanta por calificar
de regular al transporte público, seguido muy de cerca por quienes dicen
que es malo. La calificación de dicho transporte es relativa, pues
depende de en qué momento sea utilizado, si suele ser habitual su uso o no, o
de si alguna vez se ha utilizado el mismo. Obviamente, y según hemos visto
anteriormente, el joven melillense es individualista y con toda probabilidad no
es un usuario habitual de este tipo de transporte, sobre todo si se tiene en
cuenta que 89’3% se sitúa en las clases sociales media–alta y media,
y un elemento externo es el uso de vehículos personales (no colectivos). Caso
distinto sería el de la flota de taxis de la ciudad, puesto que se trata de
transporte público pero de carácter individual, y se observa como un elemento
de cualificación social.
La calificación fundamental a este respecto es la de mala
(73’8%), lo cual no deja de ser obvio tal y como vimos en el apartado de tráfico
por las causas derivadas de una ciudad con imposibilidad física de expandirse
geográficamente. A éste grupo le sigue el que califica esta situación de regular,
en el que encontramos al 18’8%; y finalmente al grupo que la califica de buena
en el que se sitúa el 7’3%. Este último dato no debiera sorprender, salvo en
que coincide con el mismo número de los que contestaron que la situación del tráfico
era buena. Podríamos estar frente a un grupo que no tiene problemas de
aparcamiento ni de circulación debido a dos posible causas: 1) personas
con un alto grado de paciencia a quienes las situaciones al frente de un
volante (o manillar) no les produce ninguna insatisfacción. Sin embargo esta
causa se desecha rápidamente puesto que tampoco tienen problemas de
aparcamiento. En este caso nos estaríamos encontrando a un grupo que se define
en la causa segunda: personas que no tienen problemas de aparcamiento, puesto
que poseerían aparcamiento reservado (aparcamiento propio, vado,...).
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Lo fundamentalmente importante, en este caso, es el
contraste de la opinión sobre el tráfico y el aparcamiento. Una
de las causas que, al menos personalmente, hacen más desagradable la conducción
es el hecho de lograr encontrar sitio en donde aparcar, con lo cual el tráfico
se convierte realmente en un problema. Este hecho sería un elemento más que
convincente a la hora de poder diseñar políticas que conlleven un uso más
generalizado del transporte urbano colectivo, pero para que su uso se
generalice han de contener una serie de elementos: alta frecuencia de paso de
transportes públicos, capacidad, adaptación a los barrios de la ciudad, calidad
del servicio, confortabilidad, etc. Con todos esos elementos se podría lograr
una Melilla todavía mejor.
C Limpieza / Servicio de Basuras (reciclaje,
contenedores,...)
La gran mayoría de los entrevistados, al respecto de la limpieza
de la ciudad, se decanta por la opción de regular (42’8%), seguida muy
de cerca por quienes creen que es mala (40’3%). En menor medida, es un
16’8% quienes opinan que es buena. Parece ser que la satisfacción que se tiene
respecto de la higiene de la ciudad es bastante criticada, sin embargo el hecho
de mantener una ciudad limpia no sólo está en el acto de mantenimiento de la
pulcritud, sino también en no ensuciarla. Existe un elemento demandado por los
jóvenes (véase pregunta nº 25 –qué servicios o instalaciones añadiría–)
como son los jardines, los cuales podrían mejorar la imagen de limpieza que se
percibe de ciudad. Bien podrían tratarse de pequeños parques, zonas verdes o
jardines, pero lo importante sería imprimir a la ciudad un aire saludable
(luego veremos en contaminación cómo la ciudad no es valorada muy
positivamente) a través de estas pinceladas verdes por la geografía
urbanística.
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En cuanto al servicio de basuras, reciclaje,
contenedores y otros, la gran mayoría (40’3%) opina que es regular;
seguido del 34’5% que dice que es bueno; y de un 24% que dice que es malo.
En definitiva, la valoración de este tipo de servicio, obtiene una percepción
aproximadamente positiva, pese a lo cual no debería descuidarse y seguir en la
línea actual con introducción de mejoras de forma paulatina.
B Vivienda (precios, accesibilidad,...)
La gran mayoría de los jóvenes melillenses creen que este
aspecto es sumamente negativo (el 63% dice que es malo), una cuarta
parte (25’5%) opina que es regular; y sólo un 10’3% se encuadra dentro
de los que creen que es bueno.
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Es muy lógico que el joven crea que la vivienda es un
bien excesivamente caro o difícil de alcanzar puesto que en los tramos de
edades que se analizan los ingresos son escasos, en otros casos no existen, y
en otros la meta a alcanzar respecto a los ingresos económicos se presenta
lejana. Sin embargo existe un 10’3% cuya opinión respecto de la vivienda es
favorable. Si tenemos en cuenta que Melilla se ha ido nutriendo de migraciones
de otros lugares de la Península, encontraremos que proceden principalmente de
Andalucía, seguido de Canarias, Cataluña, Comunidad Valenciana y Madrid;
lugares en los que el precio y la dificultad de accesibilidad a la vivienda
suelen ser mayores que en Melilla, de ahí que determinado grupo que conoce por
su procedencia (o por la de amigos, familiares u otros), así como aquellos que
poseen elementos de comparación, valoran positivamente el asunto referido a la
vivienda en la ciudad de Melilla.
_ Vecindad
(ambiente, racismo,...)
El joven melillense se decanta en un 34’5% a valorar como
buena la vecindad; en un 41’5% como regular; y un 21’5% dice que
es mala. Por tanto la valoración general de la vecindad estaría situada
entre regular hacia un tramo acentuado de buena, lo que significa
que en el joven de Melilla percibe su ciudad, en líneas generales, como un
lugar en donde las relaciones humanas y de convivencia son bastante buenas. No
cabe la menor duda, si nos damos un paseo por la ciudad con el ánimo de
observar el aroma humano de nuestro alrededor, del alto grado de respeto,
integración, convivencia y trato entre todos los ciudadanos y especialmente los
jóvenes, a quienes podremos ver en sus más variadas facetas conviviendo
intercultural e interreligiosamente en cualquiera de sus momentos.
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No obstante, el 21’5%, cifra nada despreciable, opina de
la vecindad en sentido negativo. No puede hablarse aquí de un pequeño grupo que
trate de dar una apariencia a la realidad desde una perspectiva poco
representativa. No, en este caso nos estamos encontrando con algo más de la
quinta parte de la población de jóvenes que tienen una opinión determinada.
Habría que plantearse conocer con más profundidad cuáles son los elementos que
se perciben con carácter negativo dentro de la vecindad, convivencia, etc. y
conocer si existen casos concretos en donde este quede reflejado de un modo
tangible. Insistimos en que, a pesar de una valoración general positiva, en el
trasfondo queda latente una percepción negativa que debiera ser tratada más
profundamente.
Las asociaciones de
vecinos son valoradas de forma positiva fundamentalmente (40%), mientras que el
24’5% las valora como regular, y sólo el 10’5% lo hace de forma
negativa. Además ha de resaltarse aquí que el 23’5% no sabe cómo
valorarlas, lo que redunda en lo ya dicho anteriormente de la escasez de
asociacionismo del joven melillense, y del desconocimiento de qué son, para qué
sirven, ... las asociaciones y, en este caso, las asociaciones de vecinos.
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El hecho de valorar fundamentalmente
de modo positivo las asociaciones puede implicar el carácter conciliador e
integrador intercultural en que vive la ciudad, como mecanismo de conocimiento
recíproco entre todos los miembros que conforman la comunidad.
Ha de resaltarse, además,
que en el presente caso de asociación de vecinos es el único junto con
el de abastecimientos que se valora de manera fundamentalmente positiva.
El joven melillense no
se siente seguro en su ciudad, al declarar casi la mitad (48’3%) que este
aspecto es cualitativamente malo. A este grupo se le puede añadir el que
representa a algo más de un tercio (37’5%) que califica este aspecto de regular.
Sólo un 12’5% opina que la seguridad ciudadana en Melilla es buena.
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Resulta asombroso ver
desde el exterior a la ciudad de Melilla, de la que se pudiera tener un
concepto de gran acuartelamiento al haber sido tradicionalmente un asentamiento
militar, un lugar en el que –con toda seguridad– conocemos a alguien que hizo
allí la mili, un lugar cuyo estereotipo es el de un sitio de soldados
y cuarteles, y que sin embargo produce sensación de escasa seguridad al
ciudadano joven, sobre todo de sexo masculino y mayor de 19 años. En otro
apartado de este estudio se analizarán los usos y costumbres del joven
melillense respecto de salidas nocturnas y ocio, en el cual se podrá apreciar
que suele ser este tramo de hombres mayores de 19 años quienes salen de casa
para divertirse por la noche. ¿Qué han observado estos jóvenes que más salen
por las noches para afirmar de modo casi tan rotundo que existe falta de
seguridad ciudadana?. Muy posiblemente han vivido experiencias en las que se
han podido sentir (o se han sentido) agredidos o desprotegidos respecto de
otros jóvenes. De este modo tan rotundo está solicitando el joven melillense
una vigilancia policial en los lugares de ocio y esparcimiento de la juventud,
aunque también en el resto de la ciudad, en esos tramos que el joven ha de
recorrer de regreso a su domicilio, y en donde se pudiesen producir situaciones
de inseguridad. En otra pregunta de este mismo epígrafe veremos cómo
determinadas personas reclaman vigilancia policial en determinados lugares a
determinadas horas del día (que no de la noche).
Respecto del asunto de
cómo está Melilla en cuanto a contaminación, un 12’5% dice que bien;
un 41’8% que regular; y un 44’3% dice que mal, o sea, que el
joven melillense está valorando negativamente este aspecto de su ciudad. Si
contrastamos los resultados obtenidos en esta pregunta con los que se
obtuvieron en las preguntas relativas a limpieza y servicio de
basuras (reciclaje, contenedores,...) veremos que en aquellos asuntos la
valoración se encontraba en regular, con un índice alto de malo
para la limpieza; y un índice alto de bueno para el servicio de
basuras. Por tanto, se podría decir del joven melillense que es crítico con respecto
a los asuntos que afectan a la ecología que le es más cercana.
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Los ruidos no dejan de ser más que otro tipo de
contaminación (de tipo acústica), y es aquí donde reaparece ese sentimiento ecológico
sufrido en las propias carnes, por lo que algo más de la mitad (54’5%) dice que
es malo; y un 33% lo califica de regular; mientras que sólo un
11’5% dice que es bueno. Evidentemente no todos sufren en igual medida
los efectos de los ruidos, dependiendo de la actividad que se desarrolle y el
lugar en que se viva. Pero es significativo que la calificación medioambiental
de Melilla, tanto en ruidos como en contaminación, no obtenga la
nota que pueda acercarse, siquiera, al aprobado, con lo que el joven está calificando
a su ciudad de ruidosa y contaminada.
Es evidente que se ha de hacer un llamamiento a las
autoridades competentes en materia medioambiental para que la habitabilidad
de la ciudad mejore, pues una ciudad ruidosa no puede obtener el rango de habitable
dado que carece de la calidad de vida que demanda el ciudadano y, en este caso,
el ciudadano joven está reclamando cierto bienestar. Sin embargo, a su vez,
también reclama este ciudadano joven –como vimos anteriormente– una serie de
infraestructuras que, en un principio, pudieran ser consideradas antagónicas
con la calidad medioambiental, como son la solicitud de más lugares de ocio,
discotecas o macrodiscotecas, etc. (véase pregunta nº 25). Para poder combinar
de forma exitosa ambas cuestiones sería necesario, en caso de crear dichos
lugares de ocio, regular o legislar en materia de contaminación (ruidos, humos,
basuras, ...), así como en lo referido a horarios de apertura y cierre de
establecimientos de ocio. Esto podría conllevar consecuencias negativas para el
joven que está reclamando más diversión y menos ruido si dichas iniciativas no
son ejecutadas con sumo cuidado.
Antes de finalizar este apartado sobre los aspectos
medioambientales de la ciudad habrá que dejar una cosa bien clara: ecología no sólo
implica que la ciudad se tiña de color verde por doquier, sino que es algo más
amplio que no se limita a la creación de jardines y parques, ya que cualquier
rincón de término municipal –por muy pobre que aparente ser– posee unos
elementos ecológicos que lo distinguen y proporcionan una riqueza propia
difícil de apreciar por ojos profanos, mas no por ello menos riqueza.
Abastecimientos (agua,
alimentos, etc.)
De entre todas las situaciones analizadas en este
apartado, la que obtiene mejor puntuación es la presente, con un total de 58’8%
que opinan que este aspecto es bueno; junto a un 30% que lo califica de regular;
y un 10’3% que lo hace de malo. Esto significa que Melilla es una ciudad
en la que no falta de nada, en la que se puede vivir perfectamente. Sin embargo
existe un 10’3% que opina de modo desfavorable sobre esta cuestión, y este
hecho no significa necesariamente que siempre exista una minoría que esté en
desacuerdo constantemente con todo aquello que se pregunta, sino que siempre
nos vamos a encontrar con una minoría más desfavorecida que no tiene la misma
cobertura de elementos esenciales de vida que el resto. A pesar de la alta
calificación de esta cuestión, el que un 10% no tenga los elementos esenciales
de habitabilidad es preocupante y nos hace volver sobre una cuestión que se
planteó anteriormente acerca de la segmentación de los ciudadanos
melillenses. El hecho de que un 10% carezca o evalúe negativamente los
suministros y/o abastecimientos de la ciudad no deja de ser harto preocupante por
todo lo que implica, que no es ni más ni menos que, a pesar de que la ciudad
posea un alto potencial de habitabilidad, existe un tramo con las necesidades
básicas no cubiertas o con una cobertura deficiente. Aquí la única
recomendación que cabría es que se analice el estado de la ciudad en estos
temas de forma pormenorizada y se ejecuten políticas activas encaminadas a que
ningún melillense carezca o no esté debidamente cubierto respecto de asuntos
tan vitales como los referidos a los abastecimientos.
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T ñ Comunicación
con la Península
He aquí que nos encontramos con una de las cuestiones más
agrias –desde una óptica personal– con las que se enfrenta el melillense y que
repercute en su sensación de aislamiento y distanciamiento del resto de España,
aunque sólo desde la perspectiva física. Aquí nos encontramos con más de la
mitad que opina de las comunicaciones negativamente (53’3%), y a casi
una cuarta parte (24’3%) que la califica de regular. Finalmente un 21’5%
dice que las mismas son buenas.
Los factores que implican negatividad en cuanto a las
comunicaciones son –según se verá de forma más detallada en Otros problemas
que quiera destacar– los referidos a la carestía del transporte con la
península a pesar de poseer certificado de residencia, la calidad del
transporte (aéreo y marítimo) y la inseguridad que implica, y la duración del
viaje por la lejanía de la península. He aquí que nos encontramos con uno de
los mayores problemas con que cuenta Melilla y que el joven ciudadano está
reclamando una pronta y oportuna solución. La opción de contar con un
transporte rápido y económico no sólo va a afectar positivamente a la población
melillense en cuanto que residentes, sino que el flujo turístico que puede
conllevar va a reportar una serie de ventajas añadidas (comercio, flujos
culturales, relaciones humanas,...) a la ciudad y a sus moradores.
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Otros problemas que quiera destacar /
Observaciones
A lo largo de toda esta parte se va a reincidir sobre
problemas que, fundamentalmente, ya han sido tratados anteriormente, pero con
la peculiaridad de aportar una serie de matices que hacen más entendibles el
porqué de dichas demandas.
En este apartado vuelve
a destacar como el adalid de los problemas el referido al transporte,
con la carestía del mismo, la inseguridad que implica y, dentro del transporte,
el marítimo con un barco con travesía muy lenta y sin condiciones de comodidad
y seguridad para el trayecto.
El siguiente problema más reiterado es el de la seguridad
ciudadana, con matices que indican que se producen peleas callejeras, que
la policía no es equitativa en sus actuaciones, y que la escasa iluminación de
la ciudad puede ser uno de los condicionantes para que dicha inseguridad se
produzca. Esto queda explícito en la valoración que se dio a este asunto (véase
en este mismo apartado Seguridad ciudadana) anteriormente, donde casi la
mitad de los entrevistados opinaba que la seguridad ciudadana de Melilla es
mala.
Otro de los problemas que destaca el encuestado es el del
paso fronterizo, con la lentitud que conlleva pasar la frontera, la
suciedad del mismo y las escasas condiciones. Resulta del todo obvio que el
melillense se queje de esta situación, pues es de suponer que la posibilidad
más rápida de viajar fuera de la ciudad sea mediante el transporte por
carretera (puesto que hacia la península resulta caro y lento) hacia Marruecos,
y esta posibilidad se ve mermada por los accesos fronterizos y la lentitud del
paso. Ello hace que el melillense se sienta, si cabe, todavía más aislado y
embutido entre el mar y los montes cercanos, lo que va a provocar una sensación
de claustrofobia geográfica.
Un factor que destaca el joven melillense es que los políticos
son considerados como corruptos, que no son el ejemplo a seguir por el resto de
la población, el tráfico de influencias y el enchufismo. Evidentemente la clase
política no está muy bien considerada por el ciudadano en general, y sobre ella
siempre recae este tipo de queja. Sin embargo para una población de las
dimensiones de Melilla, el hecho de que se opine de este modo implica que el
concepto que se tiene sobre el político local es bastante negativo. He aquí un
llamamiento, sin ningún tipo de exclusión, a la totalidad de la clase política
para que el desempeño de sus funciones sea inobjetable y dé una imagen
ejemplar. Ello va a constituir un buen ejemplo para el ciudadano en general y,
cuando se aplique alguna medida política o legislativa, sea asumida por todos y
reconocida como una medida de interés público.
Otro problema que es destacado por los encuestados es el
de la vivienda, con las matizaciones de carestía, dificultad de acceso y
la escasez de las mismas con unas condiciones que permitan su accesibilidad.
Además de éstos, el joven melillense, enumera una serie
de problemas como son el mal estado de las carreteras que tiene Melilla;
la falta de control sobre los inmigrantes; los problemas del tráfico;
la mala calidad y las restricciones del agua; los vigilantes
ilegales o aparcacoches.
A éstos se le suman otra
serie de problemas reseñados por un número menor de encuestados, pero no por
ello menos importantes, como son los de tráfico de drogas; y transporte
público urbano poco adecuado a las demandas del usuario. Y junto a éstos
los que reclaman un mejor trato al ciudadano por parte del funcionario y que la
máquina expendedora de Certificados de Residencia funcione correctamente.
Vemos a través de todos
los matices reseñados que el joven melillense es bastante crítico con la
ciudad, con sus infraestructuras, y que está muy concienciado de los problemas
que afectan tanto a sí mismo como al resto de jóvenes y conciudadanos.
En el capítulo de observaciones
se reiteran nuevamente los problemas antes apuntados, con algunos matices más
que, en algunas ocasiones son fruto de una problemática de índole personal
específica, y en otros, como en el caso de la seguridad ciudadana que apuntan a
la Policía Local. También preocupa la falta de empleo y de actividades
culturales, el vandalismo, y la corruptela y caos político en la ciudad.
Tanto en Otros problemas que quiera destacar como en Observaciones se ha percibido que las referencias a la población musulmana se hace despectivamente y se critica determinadas costumbres de dichos ciudadanos. Sin embargo otras opiniones apuntan a que, a pesar de la convivencia de varias culturas en la misma ciudad, el desconocimiento que se tiene de otras culturas –las minoritarias– es escasa y se pide que exista una mayor interrelación y mayor conocimiento de las culturas. Es innegable la riqueza multicultural de Melilla, pero ha de advertirse que parece muy necesario que se ejecuten políticas encaminadas a un perfecto conocimiento, entendimiento de costumbres y hábitos, y el respeto que ha de haber de todas las culturas, desde la predominante hasta la más minoritaria. Sin ello la ciudad puede estar habitada por distintas culturas, pero carecerá del entendimiento necesario para un correcto equilibrio que posibilite un desarrollo equilibrado en pos de un futuro en el que lejos de una uniformidad cultural, la riqueza de la pluralidad sea el elemento predominante y orgullo de la ciudad.
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Actualizado: 23/01/01 |