ENCUESTA SOBRE TENDENCIAS
JUVENTUD MELILLENSE
(15 A 30 AÑOS)
La Ciudad
Asociacionismo y representatividad. Información juvenil
«¿Conoce
alguna asociación juvenil de Melilla?» «¿Pertenece a alguna de ellas?»
" Aquí el joven encuestado en la
proporción de un tercio dice conocer alguna (25’5%), frente a un 74’5% que dice
no conocer ninguna de ellas. Esta enorme diferencia entre quienes conocen y
quienes no conocen alguna asociación de carácter juvenil sorprende a primera
vista, y no sólo por la desproporción, sino porque Melilla es una ciudad encorsetada
geográficamente, una sociedad en la que supuestamente todo el mundo se ha visto
alguna vez, un lugar en donde la gente posee un carácter abierto y
comunicativo, lugar en que aproximadamente todos pueden conocer la pertenencia
de alguna persona a determinada asociación, a qué se dedica cada cual, etc.;
pero que llegado el momento de conocer las asociaciones cuyo objetivo es el
joven sólo son conocidas por la cuarta parte de los mismos. Éste hecho da la
impresión de cierto elitismo en cuanto parecen tratarse de clubes muy
privados, o que la publicidad de estas asociaciones es nula. Pero en cuanto
a la pertenencia a alguna de ellas (pregunta nº 27) sólo es
contestada de forma afirmativa por el 6’8% de los encuestados, frente a un 93%
que no pertenece a ninguna de ellas. Este hecho redunda aún más en la
afirmación anterior de posible elitismo en cuanto parece patrimonio de
unos pocos.
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Otra probable lectura de
este escaso asociacionismo estribaría en lo que vimos en páginas anteriores, en
las que se afirmaba la autosuficiencia del joven melillense, dado que el mismo rehusaba
asociarse para los temas que más les importan al tener depositada su confianza
en aquellas personas que les son más cercanas (familia, amigos,...) y no tener
necesidades imperiosas de asociarse pese a la posible coincidencia de
intereses.
El joven melillense,
pues, no tiene como una de sus aspiraciones el hecho de asociarse como
–posible– forma de huir del gregarismo que intuye existe en cualquier
organización asociativa. Sin embargo esto contrasta con las demandas de locales
específicos para los jóvenes, lo que puede conducirnos a la conclusión de que
el joven melillense necesita lugares en dónde reunirse, pero que dichos locales
no estén vinculados a determinados opciones ideológicas (como se verá en otro
apartado de este estudio, la política es algo de escasa importancia para éste
tipo de joven), que estos locales sean lugares de encuentro y que no exista una
jerarquización como estructura fundamental dentro de ellos.
¿Conoce
usted al Consejo de la Juventud de Melilla?
Pero si se trata de ver
en qué grado se conoce al Consejo de la Juventud de Melilla (pregunta
nº 28), se revela que tan sólo un 10% sabe de su existencia, frente a un
rotundo 86’8% que lo desconoce (al que se le puede sumar el 2’8% de los que no
saben y el 0’5% que no contesta). Contrasta que quienes se sienten
representados por el CJM se eleve a un 15% de los encuestados (pregunta
nº 30), puesto que si no se conoce algo difícilmente se puede sentir
alguien representado y, en este caso, se siente representado un 5% de los que
no conocen al CJM. Probablemente el joven encuestado está dando por hecho que
el ser joven y el Consejo de la Juventud de Melilla es un binomio
inseparable. Esto significaría que una gran mayoría de jóvenes no conoce al CJM
y, desde luego, su funcionamiento, representatividad y cómo puede acceder un
joven a este instrumento que representa (o debiera representar) a todo el
colectivo de jóvenes de la ciudad. Ante estas perspectivas sólo cabe un
llamamiento al colectivo que forma el CJM para que dé cobertura a la totalidad
de población a la que representa, y que ésta se sienta representada e integrada
en el mismo. No se está diciendo aquí que el ideal sea una masiva asociación,
en absoluto, sino que el joven melillense sienta en el CJM un instrumento de
representatividad, que dé cobertura a la totalidad de los jóvenes, que provea
de información a unos desorientados jóvenes en la materia que le es de propia
incumbencia, instalándose en Melilla un ambiente de confianza hacia este
Consejo que debe de actuar de acuerdo a los intereses de todos los jóvenes y no
en un sentido de parcialidad hacia los que son de su propio entorno.
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Por otra parte, tan solo
un 13’3% tiene conocimiento de alguna actividad organizada por el CJM durante
el último año, frente a un 86’5% que no tiene conocimiento alguno (pregunta
nº 29). Vuelve aquí a producirse una incongruencia respecto a datos
anteriores: si sólo un 10% conoce al CJM ¿cómo es posible que un 13’3% sepa de
las actividades desarrolladas por este Consejo?. ¿Y si un 15% se siente
representado por el CJM, cómo no todos conocen las actividades que éste
desarrolla?. Sobre estos interrogantes la posible solución al enigma estriba en
el alto grado de desconocimiento y, por tanto, de confusión en que se
desenvuelve el joven melillense: no existe una información hacia el joven
suficientemente organizada, planeada ni orientada, y ello deriva en la confusión
de las respuestas. El joven melillense ya no sabe si determinados eventos son
organizados por el CJM, alguna Consejería, o por la iniciativa privada. En
definitiva, con estas respuestas, el joven está proclamando la necesidad de una
buena información, no ya un bombardeo informativo indiscriminado, sino
una información bien canalizada y organizada que le llegue de forma que tan
solo tenga que ser asimilada sin mayores complejidades.
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Opiniones
sobre el trabajo que realiza el Consejo de la Juventud de Melilla
Esta pregunta del
cuestionario (pregunta nº 31) es de carácter abierto, es decir, que las
opiniones no están limitadas por respuestas previas, por lo que el entrevistado
expresará sus opiniones con total sinceridad.
Sorprende, en primer
lugar, la gran cantidad de respuestas que redundan en el desconocimiento que el
joven tiene del CJM; y en segundo lugar ver cómo el joven opina del CJM, no de
un modo precisamente positivo (no creemos que sea necesario reproducir aquí
opiniones que, en algunos casos, rayan con el mal gusto). He aquí una posible
solución a las preguntas que nos realizábamos anteriormente: no sólo es que el
joven desconozca al CJM, sino que, además, trata de ignorarlo, bien porque no
se sienten identificados con el mismo, bien como un instrumento de venganza: «si
el CJM me ignora como joven que soy, yo también le ignoro». Esta afirmación
equivaldría a decir que el joven melillense se siente equitativo en
cuanto a las relaciones con sus iguales, y que sus relaciones son biunívocas y
perfectamente ponderadas.
¿Cree
que la información sobre temas de Juventud llega correctamente a la gente
joven?
Un rotundo 72% contesta negativamente a esta pregunta,
junto con un 10’3% que no sabe si esta información llega correctamente o
no. Junto a este grupo nos encontramos con un 15’8% que opina que dicha
información sí llega correctamente.
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Comenzaremos con éstos últimos que opinan favorablemente,
es decir, con el 15’8% de los encuestados. Esta cantidad de respuestas
positivas casi coincide con el 15% de los que se sienten representados con el
Consejo de la Juventud de Melilla y el 17’3% de los que se sitúan en la clase
social media–alta, lo que nos lleva a pensar que sólo aquella porción de
población de jóvenes a quienes llega correctamente la información sobre temas
que les son propios se siente representada por el CJM. Caso similar es el que
ocurre entre quienes no se sienten representados por el CJM y a quienes la
información no les llega correctamente (72% y 61’5%, respectivamente). Ante
estas observaciones se evidencia una especie de tráfico de información
respecto de los asuntos que interesan al total de la colectividad de jóvenes.
Anteriormente se hacía mención al elitismo de las asociaciones de
jóvenes y ello nos aporta una información privilegiada al contrastarla con
quienes reciben una información bien canalizada. La pregunta pertinente que
debe hacerse dentro de este análisis es ¿existe una segmentación respecto de
los jóvenes en Melilla? ¿se siente el joven melillense integrado como tal?
¿percibe el joven melillense discriminación con sus iguales?.
A la vista de lo respondido por el joven de la Ciudad de
Melilla se percibe una segmentación entre quienes poseen y quienes no poseen
información. En todos los medios de comunicación se afirma constantemente que
estamos insertos en la sociedad de la información, pero si dicha
información no es compartida por todos difícilmente se puede llegar a la
igualdad de oportunidades. Otra cosa distinta es el uso que se haga de la
información y cómo se aplique, pero, desde luego, siempre bajo la óptica de que
todos posean las informaciones necesarias, y no sólo unos pocos privilegiados.
Desde esta perspectiva, difícilmente el joven melillense
va a percibir una integración total en el desempeño de su rol de joven,
sino que, por el contrario, va a percibir elitismo o clasismo por
el hecho de tener unas opciones u oportunidades distintas derivadas del acceso
a la información. Bien distinto sería que toda vez que se ha conseguido que la
información llegue al joven de forma equilibrada y homogénea, éste no optase
por ninguna decisión derivada de las informaciones. Ello debería ir acompañado
de una orientación a la hora de la toma de decisiones por parte del joven, pues
no debemos de olvidar que, desgraciadamente, la formación educativa no ha sido
asimilada de igual manera por todos y que algunos jóvenes podrían tener
problemas a la hora de interpretar lo que proporciona la información. Sería
algo así como que se tuviese la oportunidad de que dicha información pudiera
ser traducida al joven sin que ello le produjese sesgos o
interpretaciones erróneas, pues en ese caso el esfuerzo de hacer llegar toda la
información –en bruto o seleccionada– no habría valido de nada.
De un modo superficial no parece que el joven melillense aprecie discriminación entre los jóvenes, aunque con toda probabilidad si no se hiciese un esfuerzo para que la información –que se demanda de una forma casi constante en estos apartados del cuestionario– llegase a todos por igual, cabe la posibilidad de que en un futuro, probablemente no muy lejano, el joven melillense comenzase a percibir discriminación o desigualdad. Se intuye que el joven melillense está solicitando abierta o solapadamente –qué más da; el hecho es que lo está solicitando– una democratización de la información frente a un oligopolio que sí recibe de forma favorecedora la información relativa a los jóvenes.
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Actualizado: 23/01/01 |